BLOG | Los Pescados – El amor se va / El Camello

05 de diciembre 2012 -

El amor se va

Por Juan Fernando Andrade

Lo recuerdo como si fuera ayer. Estábamos en Guayaquil ensayando en un cuarto del barrio Los Ceibos. Por esos días Nelson peleó con una novia después de años de relación y no podía hablar de otra cosa. Yo dormía en su casa y tenía que aguantarlo, como pana y, obvio, como Pescado. Se había convertido en un ser monotemático y anémico, que trataba de hacer chistes aquí y allá para amortiguar el bajón. Una tarde conectó la guitarra, se puso frente al micrófono y empezó a cantar esta canción de la nada, como si la hubiese tenido guardada, reservada para ese momento.

Musicalmente hablando, no hay mucho más que decir. Yo hice lo que siempre hago, tocar para la rola, para poder escucharla mejor y seguir su camino y sus avisos de curva. Lo primero que se me vino a la cabeza fue un beat country, onda Jhonny Cash pero sobre todo onda Perrosky, esa pequeña gran banda chilena a la que tanto hemos coveriado y plagiado descaradamente. Así resolvimos la primera estrofa y el resto es lo que yo llamo, citando a los Sex Pistols, “la gran estafa del rock and roll”. Buscamos todas las variaciones posibles para una misma melodía y las aplicamos una tras otra de la manera más divertida en que pudimos.

En rigor podríamos decir que la canción es loud-quiet-loud y emparentarla un poco con la filosofía y el método Pixies para salvar la categoría, pero la verdad está más cerca de un tema que serviría de maravilla para abrir o cerrar un espectáculo del buen Tom Jones en Las Vegas (sólo él podría hacerle justicia a un final tan lamparoso). Si todo esto les suena como una broma es porque se trataba de eso, hacer una canción-cágate-de-risa-un-chane con poderes terapéuticos o, si lo prefieren, una sanación bailable. La tocamos en vivo muy poco después de componerla y causó el efecto Sal de Andrews: lista al instante para actuar al instante.

La letra, tan simple como es, se transforma en una especie de mantra despechado que aún con el puñal clavado en las venas decide despedir el pasado y gritar en pleno exorcismo, librándose del demonio. Lo curioso, o bueno, ni tanto, es que la canción funciona mucho mejor o mucho más claramente en las mujeres. Ellas, sabias, la cantan a grito pelado, la sudan, improvisan coreografías que en otros tiempos nos hubiesen avergonzado y ahora nos redimen. Los hombres, en cambio, se hacen a un lado, a lo mucho saltan un poco como disimulando un ataque de epilepsia, pero no están para ponerse un tema como este en la boca. Mejor así. Ya lo dijo Kurt Cobain: las mujeres son el futuro del rock.

No sé cuánto tiempo ha pasado desde que escribimos esta canción, pero sé otras cosas. Sé que Nelson volvió con aquella novia y que ella averiguó de inmediato el origen del tema y que se sintió halagada y que meses después terminaron ya definitivamente y el amor se terminó de ir. Sé que ésta canción le trajo otros amores. Sé que nos gusta tocarla hacia el final de la noche. Sé que para varios amigos y colegas rockeros ésta es la prueba irrefutable de que Los Pescados se vendieron. Sé que me gusta pensar en ella como la sobrina nieta de El amor acaba, de José José, en versión comprimida pero con todas las proteínas necesarias, como la comida de las astronautas. Sé que discutimos horas de horas porque yo –y creo que también Toño– quería que la letra consistiera de una sola frase y Nelson quería agregarle Dónde va el amor / Dónde está el amor. Supongo que de verdad quería saberlo.

EL AMOR SE VA

El amor seva
Dónde va el amor
Dónde está el amor
El amor se va