My Bloody Valentine | MBV

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Si imaginamos que en 1991, en plena caída del imperio soviético y del supuesto «fin de la historia», Kevin Shields estaba en el último de los 19 estudios de grabación que utilizó para terminar Loveless, perdiendo descuidadamente la segunda mitad de los masters y que después de esos 22 años por cuestiones del destino, los encontró,  podríamos pensar que MBV, el disco eternamente esperado de los Shoegazers Irlandeses My Bloody Valentine, es un hermano mellizo más desarrollado y menos dócil de Loveless, la hasta ahora considerada obra cumbre de esta poco prolífica y profundamente perfeccionista (más allá de cualquier posible sicosis) banda.

Un hermano perdido en el tiempo, dadas las similitudes. Es que MBV no está muy distante de Loveless, claro, si descontamos que los separan 22 años.

Las capas y capas de guitarras procesadas, que son el centro de la expresión de la obra de My Bloody Valentine, en las que a momentos deciden destacar alguna con ánimos de corto punzar la superficie empantanada de unas canciones que a pesar de su peculiar densidad funcionan y son bellísimas. Los círculos armónicos sencillos y solidos, las voces susurrantes, de las que se referenciarían otras agrupaciones contemporáneas, como The Radio Department por ejemplo, siguen ahí, un poco más altas en la mezcla que en su predecesor, pero igual hermosamente inentendibles.

Pese a ser una banda de total culto, el que ya hayan anunciado en falso varias veces nuevo material, hacía que nadie se espere nada más de ellos. Así que esto fue tan sorpresivo como pudo ser. Por lo que nadie sabía muy bien que tan bueno podía ser este disco. Definitivamentel fue una linda sorpresa, como cuando a uno le visita de improviso alguien que uno pensaba lejos. Y claro, no hay desilusión posible en eso.

MBV suena oscuro, básicamente centrado en los tonos medios, hay mucho trabajo y detalle en esas frecuencias. Sin embargo, a pesar de su desdén por la gama sonora aguda y lo que normalmente pensaríamos que es el papel de la percusión en una banda, está compuesto de canciones bonitas, de melodías trabajadas y levemente melancólicas.

Si podría definir el sonido de MBV visualmente, diría que es multi holográfico, pero no como esos hologramas baratos de las estaciones de bus, sino como la superposición de universos coherentes, muy complejos y no tan oscuros como su sonido anuncia. Hay una sensación general de que el disco quiere escaparse de si mismo, que está comprimido y listo para flotar.

La espera de 22 años valió la pena. Tal vez este disco no cambie la música alternativa que escuchamos hoy. Pero no por eso es menos disfrutable.

Les dejo con algo del disco anterior, mi canción favorita del genial Loveless, lo del nuevo seguro lo encuentran fácil.

 

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