Mucho mejor cuando te sientes vivo: Tame Impala en Rio de Janeiro

07 de noviembre 2013 -

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Por: Nerita Oeiras

17 de octubre de 2013. Río de Janeiro es la ciudad de la samba, fútbol, bikini, algo que hace acuerdo a aquellos programas de televisión en las discotecas de Ibiza con chicas en camisetas mojadas. O sea, nada más lejos de la sonoridad y el estilo musical de Tame Impala. Era jueves, y estaba lloviendo, así que yo tenía toda la seguridad de que el concierto estaría vacío.

Que gran sorpresa al llegar al Circo Voador, un histórico circo estilizado que sirve de escenario para la música alternativa desde los años 80. El lugar estaba a full y el concierto había empezado casi puntualmente. Me perdí las 3 primeras canciones. En la cola, un montón de gente que hablaba inglés, gringos, australianos, brasileños que vivieron en California, españoles. Creo que fue una de las primeras veces que realmente me sentí en casa aquí en Brasil.

Para cuando logré ubicarme en un sito donde se veía medio bien el concierto, que estaba aún más lleno de cuanto podía ver desde afuera, Tame Impala ya tocaba “Music to walk home by”, la sexta canción en el set list. Adentro, un verdadero descontrol. Unas 3 mil personas en un lugar más bien chiquito, de hecho muy íntimo. Mucha energía, el público era fiel y todo el mundo se sabía las canciones. Muchos jovencitos, y sentí un cierto alivio al ver una o otra cabeza blanca, probablemente huérfanos de la psicodelia de los 70. Un concierto poblado de hits, de buena vibra. El espíritu era aquél mismo del amor libre, la gente voladaza, uno que otro agarre colegial, éxtasis. Literalmente.

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Para cuando sonarán ”Half Full Glass of Wine”, la décima canción del setlist, me encuentro totalmente seducida por Tame Impala. Suena al encuentro de Morphine con Black Sabbath en hongos. Totalmente sexy. Parezco una groupie que quiere terminar la noche en el cuarto de hotel con el baterista. Su música es sensorial, y te hace dar cuenta que así tiene que ser la música, en vivo, no aquellos fríos mp3s que nos bajamos de Piratebay. De preferencia fumando algún psicotrópico . Yo a mi edad no voy mucho más lejos que un chafito ocasional, y me dejo llevar por los olores.

Confieso que el CD me pareció algo demasiado volado como para oír en casa. Me gustó, pero no oí mucho más que unas 3 o 4 veces. Tocan “Elephant” y pienso que en vivo la música de Tame Impala hace todo sentido. Es así mismo que te sientes, vivo, música para los 5 sentidos. La banda parece tan extasiada cuanto el publico. Kevin Parker no logra dejar de sonreír y dice que no se esperaba un publico tan “wild” con la gente “going so crazy”. El calor de los brasileños, felizmente, no se manifiesta solamente cuando están en bikini. La gente no para te cantar, se suben al escenario, roban su bufanda. Todo en la mayor tranquilidad posible, y ya comienzas a tener ganas de recoger flores y llamar a todos de hermanos.

El intermezzo es una mezcla de Robert Fripp con rave londrino, delicioso. Para cuando tocan “Be above it” me doy cuenta que la banda ya tocó todos sus hits y me pregunto que reservan para el final. El concierto es tan íntimo, tan intenso, tan increíble, que me parece estar viendo solamente el alba de una banda que seguramente vino para quedarse. El público continúa fiel y encendido, y va al delirio con “Feels like we only go backwards”, la primera del bis. Tame Impala, que a mitad concierto fue muy rock’n roll, cierra con pura psicodelia, tocando “Nothing that has happened so far has been anything we could control”.

Salgo 10 kilos más ligera, 5 años más joven y 2 chafos más feliz. Y ahora entiendo perfectamente por el live de Tame Impala aparece en la lista de los 50 mejores conciertos de bandas en actividad.

* Nerita Oeiras es periodista y se especializa en política. Pero de vez en cuando sale de quicio y naufraga en los meandros de la vida cultural de la ciudad de Río de Janeiro, de donde escribe en exclusiva para Plan Arteria.