Quien sabe un día los comediantes no conquisten el mundo… o por lo menos el arte.

24 de febrero 2014 -

DSC08418 Fui a ver “Hablan mucho, no dicen nada”, la temporada de stand-up comedy de Ave Jaramillo, Pancho Viñachi  y Juan Rhon, a ver de que se trataba todo el hype. Vamos directo a los resultados: finalmente una propuesta cultural me convenció.

Se engaña quien piensa que el show es puro entretenimiento. En es espacio escénico se dice la verdad, toda la verdad, nada más que la verdad. Y vernos ahí al desnudo y con todas nuestras imperfecciones nos hace cagarnos de risa de lo imbéciles que somos los seres humanos. Acomplejados, perdedores de tiempo, creyentes. Burlarse de uno mismo. Cagarse de risa. Básico. Imprescindible.

Se engaña quien piensa que el show va más allá del entretenimiento. La finalidad del show es pasarla bien. Punto. La cultura no tiene porque tener esa responsabilidad social, no tiene porque hacer hincapié en la política, no tiene porque ser una fotografía social de nuestro tiempo.  Cagarse de risa. Atemporal. Relevante.

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Mientras veo el show, no dejo de pensar en cuanto los músicos podrían aprender de los comediantes. En la escena musical lo que más veo son posers, con su estilo diseñado a medida de hipsteria, estudiado desde el corte de pelo a los comentarios de Facebook, todo construido para ser una personaje. En la comedia, al contrario, salta a los ojos la autenticidad. Así somos y no nos hacemos, gorditos, chiquitos, despeinaditos, uno no es la imagen de si mismo, no todo es marketing, no todo es como nos vendemos.

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Y la autenticidad ocupa el escenario. Cierto es que los chistes de pene, caca y semen son la manera más fácil de hacer reír, banales en todo el mundo, lugar-común. Ave Jaramillo pareciera ser un comediante que va por esa vertiente, pero construye un guión que exige tal experiencia teatral y dominio del escenario que ahuevaría al mejor contador de historias. Juan Rhon es el man que la gente no cacha, sus chistes van mucho más allá de lo obvio, tiene humor refinado, roza el absurdo. Pancho Viñachi seria un equilibrio entre los dos, dirigiéndose a su propia generación, contemplando desde la comedia los altos y bajos de lo que parece ser su propia vida.

Parecería que aún tenemos esperanzas de que haya comedia inteligente en la capital. Una generación no del todo perdida.