El Disco Rojo de Mamá Soy Demente: una catarsis rockera

27 de enero 2015 -

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Por: Carla Vera / @carlaverac

Es visceral. Es desafiante. Es oscuro, pero también tiene matices de color. Hay vibras pesadas que se difuminan con otras más livianas. El nuevo disco de la banda guayaquileña Mamá Soy Demente es una sobrecarga de emociones crudas acompañadas de poderosas melodías.

Líricamente, en el álbum nos encontramos con temas en los que parece que el corazón de Carlos Bohórquez y de Dennis Darquea se les salió del pecho, subió a sus hombros y desde ahí les susurró un par de versos al oído.
Como Una Herida Que No Se Puede Dejar De Lamer, una de las mejores canciones del disco. Melódicamente está cargada de rock and roll y vacila con la psicodelia con envolventes capas sonoras.
La letra hace que te sientas identificado. Te recuerda a esa herida, aún abierta, por la que todavía pasas la lengua. Los sentimientos estallan y flotan en el aire al ritmo de una batería que mete relajo, los coros se sienten como un lamento cantado. Es un tema real, es creíble, es humano.

Otra de las canciones que hacen que sacudas la cabeza es La Buena Suerte, unos versitos de Sam Shepard hechos canción. Sonoramente es un diez y marca el punto alto del disco justo antes de llegar a la mitad del viaje musical.

Con Profundidades y Globalización llegan los matices de color. Las intros de piano le dan un aire más nostálgico al disco. Las letras mantienen siguen el camino de lo visceral, lo transgresor, juegan mucho con la ficción para dar una bofetada a la realidad.

Con El sacerdote Sánchez, los dementes suben la revolución. Hay baterías reverberadas, se meten en tu organismo como disparos. Hay guitarras pesadas, con un toquecito industrial. ¡Bam!

La No Canción es un tema oscuro. La guitarra guía el viaje, pinta armonías azules, grises… El solo que llega casi a la mitad hace que te envuelvas en una espiral y que no quieras salir de ahí. Te acurruca y, cuando ya te acomodaste, se acaba. Quedas con los sentimientos desbordados y con los oídos atentos a ver qué sigue.

El cierre llega con Creo Que He Venido de una Nave Espacial. Un tema cortito que coquetea con la psicodelia.

El disco Rojo hace que te mires de frente con tu lado más oscuro. Hace que mires a los ojos al dolor. Hace que lo aceptes y luego hasta bailes con él.
El álbum mantiene el dinamismo, hace que subas, que bajes, te estrella contra el suelo y luego te levanta.
Después de escucharlo, apostemos, te lo vas a repetir.

 

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