‘93’: Siete años de luchas y fracasos a blanco y negro con Lyzbeth Badaraco

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Esta es la historia de una de las pocas pianistas de jazz ecuatoriano en actividad, los discursos que nadie puede olvidar y un documental estrenado en un cumpleaños. 

Texto: Adrián Gusqui

No hay chip en el celular. El Uber los espera 40 minutos en alguna calle de Colombia, rumbo al Estudio Audiovisión de Bogotá, y el amplificador que están buscando para el primer día de grabación está dañado. Guido no graba los hechos porque Lyzbeth lo odiaría. “En ese momento le rompía la cámara”, recuerda la guayaquileña entre risas. Guido le sigue el chiste, “sólo quería llegar al estudio e instalarnos, estaba muy estresado”, agrega.

Es Bogotá en 2018, Lyzbeth Badaraco tiene 10 días para conocer a los músicos que estarán en su primer disco: 93, congeniar con cada uno y explicarles qué hace a la música ecuatoriana tan importante como para reinterpretarla tantas veces.

Mientras eso pasa, Guido Bajaña, quien está haciendo un documental del proceso de 93, se encarga de estar a oscuras de los demás con su cámara, atrapando las fuertes expresiones de Badaraco, su chispa melancólica y concentrada cuando toca el piano y la desesperación por pensar más de una vez si todo lo que hace realmente importa.   

Pasajera en trance. Foto: cortesía Lyzbeth Badaraco.

Ese mismo año pareció no importar, después de que su campaña de crowdfunding en Indiegogo fracasara y sólo consiguieran el 10% de su meta. “Yo desde la campaña me fui para atrás, ‘si así empezamos, descartemos el proyecto’” dijo, “Guido presentía que lo íbamos a lograr”. “Creo que yo soy más optimista”, señala Bajaña. “Me llamó la atención desde el desconocimiento, eso de conectar sin letras y la mezcla de características andinas con el jazz”.

La historia importó en un momento exclusivo, cuando descubren que Lyzbeth era una de las pocas –por no decir la única- pianista activa de jazz en Ecuador. Buscaron que las palabras de Ramón Villacreces sobre Espíritu del 98, –“si nadie deja en un registro cinematográfico de esto pues nadie lo va a hacer”-, tengan más sentido a partir de la obra cinematográfica de Guido.

Cuando el cineasta descubrió esto, pensó: “¿Qué hay de historia aquí? ¿Quiénes somos nosotros? Tuvimos que acudir a fuentes que nos den un aval de esta información. De hecho, hubo una entrevista con Jenny Estrada (historiadora ecuatoriana) donde se lo preguntamos pero no lo grabamos. Ella nos lo confirmó y dijo: ‘sí mijita, usted es la única’”.

Más tarde llegó un incentivo desde la academia, la Universidad Católica en Guayaquil, donde Lyzbeth es profesora de Música y Bajaña de Cine, que financió el 50% de la producción. Con lo demás “rompieron el chanchito”, bromea Guido. En el total de ejecución se bordearon los $15.000, con un proyecto que, para Badaraco, no es rentable. “El que me diga que vive de música en este país que me dé su fórmula secreta”, enfatiza la pianista.

Noches de intimidad musical. Foto: cortesía Lyzbeth Badaraco

Aun así, la obra musical tiene vida desde el 2013 y fueron necesarios tres años para que el documental tome la fuerza suficiente y salga en 2020, impulsado mayoritariamente por el tránsito del personaje en Lyzbeth, desde la intimidad de sus ensayos a la presentación de 93 en el Teatro Sánchez Aguilar. Dentro de este desarrollo está muy presente la destrucción de la idea que Lyzbeth no es una cantante. “Todavía la encasillan con que lo es, hasta en el boletín dejamos claro que no”, manifiesta el cineasta; esto lleva a Badaraco a varias explicaciones sobre estereotipos en su carrera, resumiéndolos con que “existe mucho machismo en el medio, sobre todo se tiene esta idea de que las chicas instrumentistas no tocan bien, no tienen groove, punch o no sé qué, tantas cosas que he escuchado en mi corta carrera y les digo a mis alumnas que no pasa nada por ese estereotipo, tú tienes que hablar, el que es bueno es bueno, el que es constante es constante”.

Y ese discurso es al que se apuesta en el documental, este atrae a la audiencia a sumergirse en la intimidad de la pianista y los desplantes que la creatividad y la presión le suman a la producción del disco y los conciertos. Ambientado entre Bogotá, Guayaquil y aeropuertos, enfrentan esto como un repaso de fuerza para que el jazz en Ecuador se active en más mujeres. Se presenta, además, como un archivo poderoso de la influencia ecuatoriana a través de la historia del jazz y la mezcla de nuestra identidad con él, asunto que queda expuesto en la reversión de Caballito Azul, de Alex Alvear y la historia profunda de cambio a través de una nueva composición. 

“En Caballito Azul hice un arreglo para Alex en la casa de Mariela Espinosa (MUNN, Sr. Maniquí), y ya me sentí un poco culpable por haber tocado la composición de Alex quirúrgicamente, pero él es súper relajado y me dijo: ‘haz lo que quieras, tranquila’. Al principio yo no estaba de acuerdo con la composición cruda que produjo Santiago Sandoval de la canción, ‘a Alex no le iba a gustar’, pensaba, hasta poco antes de grabarla no lo iba a hacer, pero lo hicimos, igual grabamos las dos versiones. Gracias al universo se quedó el arreglo de Santiago”.

En el Festival Ecuador Jazz le propuso a Alvear tocar esta canción con la nueva versión. “Fue muy atrevido”, recuerda Badaraco, pero también llega a su memoria ese día: “Recuerdo que a Alex le costaba entrar en el 7/4. Imagina que tocas toda tu vida una canción y de pronto debes tocar una versión que no es tuya de tu propio tema, pero eso es lo que pasa cuando la música viaja, sale de un lugar y se transforma”.

“El disco nace cuando abandona el blanco y negro”, coinciden los dos. El documental representó un viaje entre pasado y presente, presto a la fotografía monocromática de grandes jazzistas de la historia, respirando el mismo aire con que Badaraco nos muestra su timidez y Bajaña las captura. El documental, además, es una lucha invasiva y constante por tratar de entender cuándo importa algo en donde parece que nada puede importar. Lyzbeth arremete contra los medios porque les conoce la espalda, sin embargo, el registro visual que propuso con su compañero nos pone a pensar sobre las mil-músicas que el desinterés nos esconde.

Hoy sabemos, hoy apreciamos a Badaraco.

El documental estuvo disponible en varias fechas de septiembre tras su estreno. De momento aspira a entrar en nuevos festivales para subirlo a internet, según Guido, si esto no pasa, en 2021 lo podremos ver en alguna plataforma, aún no definida.

Escucha aquí abajo a Lyzbeth Badaraco, en 93.

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