Estéreo Picnic 2022: El comeback que la música necesitaba

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Tres días con más de 70 bandas en vivo conformaron este año el regreso del festival más grande de la región. 

Por: Carlo Celi / Fotos: Jaime Villacís
Crónica de una muerte inesperada

El calor del bus es casi insoportable, el aire acondicionado está dañado y un compilado de videos de rancheras, a máximo volumen, ensordecen a los 54 pasajeros de una de las decenas de transportes que se dirigen al Campo de Golf, Picnic y Centro de Eventos Briceño, sede del Estéreo Picnic (FEP) 2022.

El trancón de viernes por la tarde es eterno en Bogotá y el viaje hacia el primer día de festival dura más de tres horas. Las bebidas se calientan, la espera es interminable y un mal cálculo de tiempo hace que la esperanza de ver a varias de las grandes bandas se evapore.

Tres horas y diez minutos después ya se respira el ambiente a festival. Son casi las nueve de la noche y el plato fuerte del viernes todavía no se ha servido. Una marea de personas se dirige con paso firme al escenario principal, donde se espera que los míticos Foo Fighters den, por tercera vez, un show en tierras cafetaleras.

Un sospechoso ambiente de caos ronda las carpas de acreditaciones de prensa.

—Tienes que ir por allí —afirma uno de los voluntarios de la organización, sin tener idea de lo que decía y confundiendo más a los periodistas que solo quieren entrar a hacer su trabajo, de una vez por todas.

Luego de pasar una infinidad de controles y laberínticos caminos, las luces nocturnas del FEP reciben a sus visitantes. Dos años de parón y una pandemia que cambió el estilo de vida del mundo se desmoronaban ante el anunciado comeback del festival.

Las fotos no faltan. Las mascarillas son cosa del pasado. La libertad de recorrer un espacio, que otrora parecía perdido, se entrelaza con las ganas de volver a la ansiada normalidad de compartir un show entre miles de personas.

Las distracciones se desvanecen cuando la hora de Foo Fighters se acerca. Son las 9:55 PM y Black Pumas está retrasado. El Picnic es conocido por ser un festival extremadamente puntual. Hay rumores de que algo fuera de lo común sucede.

Son las 10:20 PM y Black Pumas no aparece. La gente se impacienta y muchos llegan decepcionados del escenario principal donde minutos antes un anuncio realizado por uno de los organizadores informaban que la banda liderada por Dave Grohl no se presentaría. ¿El motivo? “Una situación médica de mucha gravedad”. No hubo más especificaciones.

El tiempo apremia y Eric Burton, vocalista de Black Pumas, sale al escenario. Hay incertidumbre y miles de personas no saben lo que está pasando. El frontman confirma un rumor que las redes sociales soltaron casi al mismo tiempo. La muerte de Taylor Hawkins, batería de Foo Fighters, era un hecho.

—Haremos un homenaje por su grandeza generacional. Antes de que salgamos con la banda a tocar, queremos hacer un minuto de silencio (…) Hagamos un grito que se escuche tan alto como para decir que Taylor Hawkins está presente —exclama Burton.

El grito es de dolor. Miles de personas se juntan para pronunciar el nombre de Taylor por todo lo alto. El llanto no espera y los más afectados se encuentran en el piso sin terminar de asimilar lo que está pasando.

Las primeras notas de ‘Next to You’ se transforman en un tributo para el baterista nacido en Texas. El duelo generalizado se mezcla con el soul, la psicodelia y el R&B de Black Pumas, quienes se convierten, sin quererlo, en la banda estelar de esa noche.

Finalizado el concierto se rinde otro homenaje a Hawkins. ‘My Hero’, sencillo popularizado por los Foo Fighters, en 1998, se convierte en el himno del baterista recientemente fallecido, mientras en las pantallas de cada uno de los cinco escenarios del Estéreo Picnic se lee “Taylor Hawkins por siempre”.

Sobre la tarima del escenario principal, donde los Foo Fighters tenían programado tocar, se tiende una alfombra con cientos de velas blancas. Un puñado de seguidores llega al lugar que durante la noche se convirtió en un altar dedicado a la memoria de Hawkins.

Pero el FEP no para y tiene que seguir con lo programado. Varios artistas cancelaron o reagendaron sus actuaciones y el resto de la velada finaliza con un ambiente de solemnidad, recuerdos, lamentos y anécdotas de quienes tuvieron la suerte de haber visto al baterista interpretar los temas que aquella jornada se convirtieron en la banda sonora de su inesperado réquiem.

Un madrileño a la carta

El show debe continuar y la maquinaria musical del Estéreo no da tregua. Un segundo día con géneros más urbanos y eclécticos se abre frente a quienes dejaron atrás las penas de la velada anterior.

La jornada comienza más temprano, el tráfico es menos denso y la luz de un día sin lluvia recibe a los asistentes del Picnic. Delfina Dib, rapera argentina radicada en Colombia, se escucha cerca de la entrada principal, pasadas las 4 PM.

Pero el festival no es solo música, las activaciones, marcas, juegos, promociones, restaurantes y actividades abundan, casi que distraen más de la cuenta. Dividirse entre alcanzar a ver una banda o entregarse a la tentación de recibir toda clase de productos comerciales, puede convertirse en una decisión con altos costes musicales.

El atardecer llega con los primeros acordes de la guitarra acústica de Ed Maverick. Su grave y tímida voz contrasta con la juventud de este músico mexicano de 21 años, que abarrotó de fanáticos el escenario dos del festival. Pero esta no sería la única presentación del nacido en Chihuahua, la noche le tenía reservado otro memorable momento.

La jornada sobre la tarima principal se prendió con la música Los Gaiteros de San Jacinto, leyendas vivas de la música tradicional colombiana. Después, llegó Jungle para continuar un ambiente de fiesta.

Pero lo duro ni siquiera había comenzado. La espera por El Madrileño, uno de los varios seudónimos de Antón Álvarez, mundialmente conocido como C. Tangana, se desvanecía y ‘Still Rapping’ dio la bienvenida a un eufórico público que recitaba cada recoveco de las letras del músico español.

El original performance de una de las puestas en escena hispanohablantes más importantes de la década se acomoda en un escenario que, por momentos, queda corto ante la fuerza musical de quienes acompañan a Pucho.

La comunión entre Tangana, los fanáticos y su banda en vivo remarcan sobre la tarima una reciente carrera llena de éxitos. El Madrileño está en el punto más alto de su carrera y eso se nota. Al público lo tiene en su mano y lo maneja a su antojo. La gente se deja llevar, canta, baila y se desgarra entre letras crudas, facheras y emocionales.

Casi a mitad del encuentro llega Ed Maverick, se pone a dúo con Tangana y conmueven con ‘Párteme la cara’. Los primeros planos sobre las pantallas gigantes convierten a este tema en un momento íntimo y el público una vez más se deja atrapar por los versos de Puchito.

La película de C. Tangana llega a su fin, entre vítores interminables y poco más de una hora de concierto.

Pero la segunda jornada de Estéreo aún tiene varias horas por delante. La euforia de C. Tangana se extiende a la espera de la llegada del cabeza de cartel, J Balvin.

El escenario principal recibe al artista paisa que regresaba a su país para dar un concierto que se extendió más de la cuenta.

El minimalismo se apodera de Balvin en su presentación. Una tarima gigante envuelve al rapero que se muestra visualmente disminuido. La pirotecnia intenta reanimar una puesta en escena con visuales poco memorables y un grupo de bailarines ocasionales.

Un DJ acompaña al colombiano que no para de repetir que extraña tocar en su propia tierra. Los éxitos van y vienen con fuerza, pero con la similitud de un playlist de Spotify.

Fatboy Slim se cruza en horarios con Balvin y muchos optan por ir de vuelta al escenario donde previamente se habría presentado C. Tangana.

Los más fanáticos de Balvin, que aún son suficientes como para llenar un estadio, se quedan para escuchar al rapero que entrada la noche se suelta y entrega una segunda parte de su show más underground y con éxitos previos a la fiebre mainstream que alcanzó durante el clímax de su carrera.

A la par del final de Balvin, Fatboy Slim despliega sus más conocidas canciones. La generaciones actuales parecen descubrir la genialidad del DJ inglés de 58 años. El elevado volumen convierten su presentación en un poderoso rave.

En las partes más alejadas de la tarima yacen cientos de personas recostadas en el césped. La madrugada se colma y ya se notan los efectos etílicos en los cuerpos de varios fanáticos que, descoordinados, tratan de atinar el ritmo de éxitos como ‘Praise You’ , ‘The Rockafeller Skank’ o ‘Weapon of Choice’.

Binomio de Oro también se escucha a lo lejos. El vallenato se torna protagonista del epílogo de la segunda jornada del Picnic.

‘The room is on Fire’

Tres días seguidos sin llover en el Estéreo Picnic es casi un récord pocas veces visto. El domingo volvieron los conciertos más alternativos y enfocados al rock. El tráfico fluye y la travesía dura poco menos de una hora.

La alegría de una tercera jornada se siente desde temprano. Hay más gente que el día anterior, más moda, más grupos, más facha, más onda. El cierre del Estéreo es inevitable pero necesario, el cuerpo merece un descanso. El agotamiento ronda la esquina, los calambres están a la vuelta de cada pisada y el Google Fit marca en varios dispositivos móviles más de 20.000 pasos diarios. ¡Una salvajada!

Largas filas para un simple café denotan que el público se prepara para terminar memorablemente con la última fecha de este comeback.

Bruses es una de las primeras artistas sobre uno de los escenarios. La cantante tiktokera es un imán de centennials que corean sus canciones.

Viene el turno de Marina, su voz se complementa con una sólida banda en vivo. La luz aún está presente en el festival y sus canciones provocan un eufórico performance que se rodea de fieles fanáticos de su bienaventurada carrera.

Casi al mismo tiempo, otra mujer se toma el escenario dos del Estéreo, es Ashnikko. Un repetitivo man bashing es el relleno entre canción y canción de la rapera estadounidense.

A lo lejos, en la tarima principal, Juan Pablo Vega se sube para poner un ambiente chill sobre el escenario, calma necesaria, porque lo que se vendrá será digno de saltos constantes.

— ¿A quién ver, a Wos o a Lp? La duda ronda entre algunos asistentes del festival por la coincidencia en los horarios en sus presentaciones. A su corta edad, Wos es un prodigio del freestyle argentino, pero Lp tiene una voz que haría temblar a cualquier cantante lírica.

Ambos entregan shows fenomenales, dignos del nombre que se han ganado. Lp la rompe, entrega todo lo que tiene, se ríe con el público, bota sin querer su armónica durante una canción y se acompaña se su habitual ukulele. La banda que la respalda no da tregua al error.

Su setlist sobresale tanto, que su éxito más conocido ‘Lost on you’ se convierte en una mera anécdota. La estadounidense descendiente de italianos pone en alto al Estéreo Picnic y se despide con ovaciones que duran minutos.

Más de la mitad del día ha transcurrido. La hora del cierre se acerca y The Strokes está en boca de quienes quieren estar lo más cerca al escenario, cuando la voz de Julian Casablancas vuelva a sonar por tercera vez en la capital colombiana.

Sobre el escenario principal, Machine Gun Kelly cierra su presentación con ‘Bloddy Valentine’, entre el público la gente comenta que su prometida, Megan Fox, viajó con él a Colombia.

Pero el pop-rock del tejano termina para dar paso a palabras mayores. A$ap Rocky está en la casa y llegó para dar demostrar por qué es uno de los raperos actualmente más influyentes de la escena estadounidense y mundial.

La presencia escénica del trapero se siente más que una orquesta. Las gráficas que acompañan a sus canciones están a la par de sus fuertes letras, de su pasado en Harlem y de su imagen gansta, ávida de cuerpos semidesnudos femeninos en primer plano.

Son las 11:20 PM y The Strokes no sale a escena. La espera impacienta a los asistentes. En las primeras filas hay recuerdos del fatídico primer día del Estéreo Picnic, donde una larga espera terminó en fatales noticias. La gente hasta bromea al respecto, como para romper el hielo y hacer que el retraso sea menos pesado.

Finalmente un roadie llega con una hoja que será el setlist de la noche. Los fanáticos saben que están a nada de ver al quinteto neoyorquino.

Julian y compañía llegan tarde y abren la noche con ‘Bad Decisions’, el público rompe en saltos y coros con el sencillo prepandémico de su, hasta ahora, último álbum ‘The New Abnormal’, de 2020.

La noche se llena de éxitos nuevos y pasados de la banda fundada en 1998. Suenan por lo alto ‘The Adults Are Talking’, hit consagrado a inicios de 2021, como ‘Hard to Explain’, de su primer disco ‘Is This It’ (2001).

Los malos chistes de Casablancas, quien se mostró más parlanchín que de costumbre, redimieron la impersonal primer presentación de 2017, en el mismo escenario del FEP.

Un homenaje a Taylor Hawkins no se hizo esperar por parte de la banda. Casablancas afirma que el guitarrista Nick Valensi era el más cercano al desaparecido baterista a quien honran con ‘Ode to the Mets’, penúltima canción de un show que se hizo un poco más corto de lo que se tenía esperado.

The Strokes no recuperó los más de 20 minutos de retraso que concluyeron en una presentación sólida, con una banda compacta sobre el escenario, que hasta supo improvisar un par de cumbias sobre las melodías de ‘Razorblade’ y un encore de ‘Reptilia’.

Al final del show solo quedan latas de bebida vacías, la gente se retira hacia las últimas presentaciones del FEP. Shows como los de Él Mató a un Policía Motorizado y DJ Harvey, cierran el telón pasadas las 3 AM.

El bus de regreso ya no toca rancheras. Un mezcla de emociones, nostalgia y dolor muscular recuerdan que el mundo se reactiva y que la música en vivo es una necesidad inexorable.

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