Texto: Vanessa Bonilla Obando / Fotos: Archivo Radio Cocoa
(Entrevistas a Juan Pablo Viteri, Juan Sebastián Jaramillo y Katicnina Tituaña).
En Ecuador, sostener un proyecto cultural no es solo gestión: es resistencia. En ese pulso, Radio Cocoa (RC) cumple quince años de vida. Nacida en la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), esta plataforma se ha convertido en un espacio esencial para la comunicación alternativa, la experimentación académica y la construcción de archivo y memoria de la música, el arte y la cultura independiente en Ecuador.
Para Juan Pablo Viteri, docente y uno de sus impulsores, Cocoa no ha sido un medio universitario convencional ni un lugar de prácticas pasajeras. Desde su origen se pensó como un espacio de innovación y rigor académico, donde las y los estudiantes son autores de proyectos, no simples aprendices. “Es un espacio vital, de libertad para proponer cosas. No hay motivación de notas, sino de creación. Eso permite que jóvenes con ideas transgresoras encuentren un medio que las materializa”, señala.
De este enfoque nacieron producciones como los volúmenes 1 y 2 de RZine, #debescacharesto, cabos sueltos, resonancias, conversatorios, encuentros, propuestas editoriales y experimentos digitales que dieron forma a una comunidad que entiende la comunicación como investigación constante.
Pero en un contexto donde gran parte de la producción cultural emergente desaparece sin dejar rastro, Cocoa apostó por documentar. “Entendimos que no hacíamos solo difusión o promoción de música, sino que construíamos memoria. Estamos dejando evidencia de un legado cultural que en Ecuador suele quedar en el olvido”, explica Viteri.
Esta vocación de archivo ha sido clave frente a un ecosistema mediático dominado por lógicas comerciales y algoritmos de plataformas globales, RC ha sostenido una mirada crítica sobre la circulación de contenidos y la necesidad de estrategias propias de difusión, formación de públicos y construcción de políticas culturales.
RC ha mantenido un pulso generacional. Para Juan Sebastián Jaramillo, gestor cultural y parte de este proceso, su carácter universitario garantiza renovación permanente: “Siempre hay personas jóvenes involucradas y eso le da constante reinvención. Es un espacio de formación y de experimentación profesional, pero también de servicio al sector artístico-cultural de Quito y del país”.
Ese cruce entre academia y práctica cultural ha permitido que de Cocoa salgan comunicadores, gestores, docentes y artistas que hoy marcan la escena independiente y académica en Ecuador. RC ha sido escuela, laboratorio y plataforma; su aporte ha sido significativo al ofrecer un lugar de aprendizaje y de conexión con públicos que, de otra manera, tendrían menos posibilidades de acercarse al sector artístico independiente.
Y es por eso que llegar a quince años no ha sido fácil. La estabilidad que le da pertenecer a una universidad ha permitido que el proyecto sobreviva a un ecosistema cultural precario, donde lo independiente suele ser relegado. “El talento de la gente es lo más importante. Eso es lo que sostiene a Cocoa”, insiste Viteri.
Es así que RC es un proyecto colectivo que defiende la cultura como un derecho y un espacio esencial para la vida. En tiempos donde los gobiernos, la sociedad y los canales de difusión tradicionales relegan el arte al entretenimiento, Cocoa insiste en que el contacto sensible con la música y el arte es indispensable para fortalecer la cohesión social, para la salud mental y para imaginar un mundo distinto.
Aunque la digitalidad es hoy un terreno inevitable, con streaming, redes sociales y algoritmos que nos obligan a estar presentes, no podemos dejar que lo virtual defina por completo la vida cultural. La experiencia artística y comunitaria requiere del encuentro real, de la colectividad que se construye cara a cara, cuerpo a cuerpo. La cultura no se sostiene únicamente en likes, reproducciones o métricas, sino en espacios presenciales donde circulan saberes, afectos y memorias.
El desafío va más allá de difundir contenidos en plataformas digitales, se trata de generar estrategias de formación de públicos, políticas públicas que fortalezcan la infraestructura cultural local y posibilidades reales para que lo independiente y emergente tenga un lugar propio. De lo contrario, las arquitecturas algorítmicas seguirán desplazando lo periférico y distinto en favor de lo homogéneo y lo globalizado.
Pensar en eventos en vivo, publicaciones físicas y encuentros colectivos es fundamental para equilibrar el peso de lo digital y devolver a la cultura el espacio donde realmente se construye.
Nuevos retos
Uno de los mayores desafíos de los medios y plataformas independientes es salir del círculo habitual de audiencias y explorar otros territorios. Porque la comunicación cultural implica investigar, describir y conectarse con personas y procesos que muchas veces quedan fuera por limitaciones de equipo o de presupuesto. Hacer comunicación independiente es, también, un ejercicio de riesgo y apuesta por lo diferente.
Para Katicnina Tituaña, editora de RC, este ha sido un espacio de libertad creativa para explorar temas y formatos desde una mirada amplia. “La cultura suele quedar subordinada a otras agendas; en el periodismo, por ejemplo, se prioriza la política o la economía. Sin embargo, la cultura es esencial para sostener y fortalecer el tejido social”.
Tituaña advierte que la falta de políticas culturales desde el Estado impacta directamente en el ejercicio periodístico. Las decisiones tomadas desde arriba moldean la producción de información, marcada hoy por las lógicas algorítmicas y por un ritmo acelerado que muchas veces deshumaniza el trabajo creativo. Frente a eso, insiste en no dejarse llevar por los números: “Es importante poner por delante la necesidad de explorar y de narrar temas más allá de lo viral”.
Desde su experiencia como mujer kichwa, Tituaña subraya la urgencia de mantener la relación con los pueblos y nacionalidades del Ecuador. Dar voz a estas comunidades es una tarea pendiente que requiere más esfuerzos, y espera que las próximas generaciones, que ejerzan el periodismo, comprendan la importancia de contar estas historias, ampliar el territorio y sostener la memoria viva de lo que somos.
Finalmente, quince años después, RC no solo celebra su aniversario, sino que confirma que la comunicación alternativa, cuando se hace con rigor, con compromiso y con amor por la escena independiente, se convierte en memoria, resistencia y futuro.





