¿A qué suena la resistencia?: Ura uku y Jatun Mama

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Texto: Tábata Argüello / Fotos: Cortesía Jatun Mama

Desde el primer susurro de viento andino hasta el pulso electrónico de la entonación final, Ura Uku no es un álbum que simplemente suena; te habita. 

El pasado 12 de septiembre, el dúo Jatun Mama (Jesús Bonilla y Félix Maldonado) debutó con su primer disco, Ura Uku, donde lo ancestral se transforma en un latido electrónico. Flautas, güiros, timbales y armónicas dialogan con bajos, sintetizadores y texturas digitales que incluyen samples -pequeños fragmentos sonoros que funcionan como archivos auditivos, memorias que se repiten, se mezclan y resisten al olvido-. 

A lo largo de diez canciones, la ancestralidad y los afectos transmitidos por las vibraciones rítmicas convierten a Ura Uku en una pieza conceptual que invita a escuchar -y recordar- la relación con la tierra/llakta desde el cuerpo.  Ura Uku nace de este impulso por recordar y resistir. En cada tema se percibe la intención de volver al origen sin romantizar, pero reconociendo que la memoria también vibra y que el sonido es resistencia. 

Sobre esto, Jesús Bonilla, integrante de Jatun Mama y parte de los Humazapas, menciona que: “en el contexto ecuatoriano, la producción musical comunitaria, hacer música kichwa o hacer música desde territorio kichwa, hablando, componiendo y produciendo nuestra música desde nuestro cuerpo, desde nuestros ojos, desde nuestro lenguaje y desde nuestro territorio es un acto de resistencia”. 

Con una producción comunitaria que puede ser percibida en los múltiples detalles sensoriales y sonoros del álbum, Bonilla se enorgullece del hecho de que surja del territorio Kichwa. Explica que el álbum nace del sello discográfico comunitario Anta Records, el cual está conformado por músicos de la comunidad de Turuku; además, con una fusión con el sello berlinés Ekeko Records y Kimchi Records, el proyecto Jatun Mama y Ura Uku se consolida como una muestra de cómo la música desde comunidades tiene horizontes nacionales e internacionales.

Porque sí, hay que recordar que todo acto es político. Y no se trata únicamente de escuchar música, sino que se está escuchando historia y dialogando con identidades expandidas que conforman los corazones andinos. Ura Uku y el proyecto de Jatun Mama se carga de una especial importancia porque son personas Kichwa, resignificando las sonoridades con las que han crecido, celebrado, bailado, llorado y, en general, vivido. Y con su innovadora propuesta, pueden compartir este arte mixto con los demás. 

“Con este disco estamos intentando ocupar y empoderarnos de espacios en la industria musical donde los kichwas no estábamos participando [la música electrónica]. Hay proyectos de música electrónica con elementos de música ancestral de pueblos y nacionalidades, pero los productores musicales y creadores de estos formatos electrónicos han sido personas ajenas al territorio. […] Creo que el proceso de uso de esta música ha sido un uso extractivista, utilizarla para sacarla del territorio y venderla como música electrónica”, menciona Bonilla.

Así se cimenta la realidad. Este disco es un concepto. Es un viaje que va del rito a la escucha. ¿Su fuerza? La continuidad. En el sentido de que no tiene un inicio ni un final, sino un flujo que se mueve entre la tierra, la memoria y la experimentación. 

La atención vuelve a los archivos auditivos, esos fragmentos que Jatun Mama recoge, transforma y acopla al presente como si fueran semillas sonoras. Estos archivos son grabaciones realizadas por Bonilla y su hermano en rituales de siembra de maíz, funerarios y fiestas tradicionales del pueblo Kichwa Cotacachi. Él explica que algunos de esos audios surgen en las madrugadas  de una escucha de hasta cinco días de danza, donde los afectos afloran y la comunidad se fortalece. 

“Algunos audios fueron grabados en distintas comunidades Kichwa como Turuku, San Pedro, Hatun Topo, San Nicolás, Cuicocha. En estos audios varias mujeres campesinas hablan sobre la importancia del maíz; nos cuentan señas y signos de algunos personajes espirituales, nos hablan de la importancia del idioma kichwa y de la vida comunitaria” Otros archivos, explica, han sido tomados desde el trabajo de comunicadores comunitarios en los años ochenta y setenta.

Muchas frases son importantes y recurrentes, sin embargo, una de las que quedó grabada en mi mente como una manifestación afectiva fue: “Yo no sé hablar, sólo sé sentir”. Esta sentencia, acompañada de los vibrantes sonidos ancestrales-electrónicos, hace que el cuerpo y la mente se conecten para traducir el ritmo en movimiento. El zapateo donde los pies, automáticamente, rozan la tierra en un: uno, dos, uno, dos, uno, dos. 

Para Bonilla, el audio que más resuena para él -sin antes aclarar que todos son igual de importantes- es el que nace de un registro en un levantamiento Kichwa en Cotacachi. “Una mama en la comunidad de Tunibamba grita dentro de un discurso “Jatun Mama, Jatun Tayta” refiriéndose a nuestra organización madre y a la vida comunitaria como base para la lucha campesina y social. De ahí, nace también el nombre de nuestro proyecto”. Para el artista, esta selección de audios y archivos sonoros son de suma importancia porque transmiten momentos especiales, tanto para él, como para las comunidades kichwas. 

Más allá de la nostalgia -como un anhelo al recuerdo- Ura Uku es movimiento. El disco no busca congelar la tradición, sino hacerla vibrar con otras frecuencias. Es una conversación entre generaciones que permite superar la estigmatización del kichwa tradicional; una especie de tejido entre lo que fue, lo que somos y lo que seremos. Quizás por eso el disco conmueve tanto, recuerda con el cuerpo y con la mente. Es una experiencia política. Cada golpe de tambor, cada soplo de flauta, cada textura electrónica se combina de una manera exquisita para decirte: la resistencia también se baila. Lo que vibra aquí no es solo música, es historia, territorio, afecto y resignificación.

Entonces, ¿a qué suena la resistencia?

A estos archivos que respiran, a estos espacios tomados, a los estereotipos desafiados, a la resignificación de lo escrito, a un shuk shunkulla -un solo corazón-.

Suena a Ura Uku.

Escúchalo, báilalo, reconéctate, cuestiónate.

 

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