Gloory Hole: los colegas del rehab

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Gloory Hole. Puta banda cochina, cómo te haces amar.

Era 2025 y el año ni siquiera iniciaba, pero toda fiesta valía la pena. Cuentan los cerros que de ahí bajó el culto de lo feo y se quedó en las almas de los ángeles. Aquellos bastardos se mojaron de terror, viajaron por las noches de las capitales y quedaron bien cómodos en una banda, una agrupación, un estilo de vida que pinta el desagrado del placer. Que, justo cuando el cuerpo puede levantarse de un domingo, esta banda apenas empieza su fiesta.

Gloory Hole es de esas bandas. O no, es esa banda. Es esa parálisis que sucede entre la explosión y la alegría. Es la esperanza de quien no ganó nunca nada, pero sí perdió, y perdió gravemente ante todo a lo que los rectos columnistas se aferran para sonreír y dejarse las barbas sin preocupación.

Y pues la verdad es que me estoy dando doscientas vueltas antes de escribir esta reseña sobre su disco con el que los conocí. Pero, en realidad, esta intro es mi mejor opinión sobre la fuerza espiritual con que su música me ha destrozado la vida, y me encanta.

La primera canción del primer disco de Gloory Hole es un homónimo del disco, ¡GLORIA EL CENTRO DE REHABILITACIÓN!. Es el discurso de una mujer que habla sobre el regreso a lo normal y la fuerte identidad de la rehabilitación. Pero este no es un disco cristiano o analgésico; es, más bien, un cuerpo errante en forma de recuerdos que contará los círculos del infierno que rodean a una adicción.

ME GUSTA LO FEO le sigue a esta canción, un statement que luego tendrá sentido en el performance de la banda, que apela por la fealdad como símbolo de movimiento. En esta canción uno encuentra un abrazo, o así lo siento. Me dice: “no estás solo, no ESTÁS SOLO, las especies rechazadas nunca están solas”. Este inicio es dulce y muy tierno, como una previa garúa hacia la tormenta. Es una amistad perdiéndose ante la soledad.

Para seguir el ritmo de recuperación humana, ATORMENTADO se alimenta de lo real, de quienes somos, de aceptar la adicción en un círculo de apoyo. La canción pide a un anónimo —o a todo el mundo con nombre— que no nos permite perdernos en nuestra adicción. Es la primera etapa de la rehabilitación: aceptar a dónde hemos llegado y quiénes somos.

Acá el disco se quiebra e inicia el verdadero infierno. HUIR EN VANO inicia con el sonido de un metrónomo, como si fuera la cuenta regresiva de una bomba. El disco toma un tono sintético muy enérgico y lleno de fantasmas; las inquietudes se aumentan en sus ecos y toda la ternura se convierte en un monstruo en construcción. El instinto de escape protagoniza este pedido, el cual se doblega a un último perdón que abrirá EL CILANTRO y EL OFICIAL.

EL CILANTRO es mi alma digital, mi búsqueda por la calle haciendo un mandado y en el que, por más simple que sea el camino, para mí puede ser un infierno. EL CILANTRO es un trauma de la infancia. Un trauma donde el amor es una planta y un mandado. La comedia con la que hablan de un trauma aquí es lo que también explica la piel de esta banda. Gloory Hole es un libro de cuentos para el tercer mundo. Un dato increíble: esta es la canción favorita de la hija de Julieta Venegas.

EL OFICIAL es único porque ese fade de llamados por radio de los policías es arte, talento y miseria. Además, la energía bailadora con la que este grupo hace de esta canción el peak del disco es de valorar. Coimas, intenciones enérgicas y un viento sobre el mal viaje hacen de esta obra un cariño increíble, nacido del desorden hijo de puta. Su energía está muy arriba, es el hit del disco, porque atraviesa todos los campos de este parque. Instantes de introspección, pausas alteradas y un coro pegajoso hacen de esta canción una obra que, al final de todo, se destroza como un viaje de drogas hecho y derecho hacia su máximo efecto.

10 4 es la primera canción hecha por y para orgasmos policíacos.

¿PODRÁS? es un reto. Es el inicio de la rehabilitación, la primera prueba de fuego. El gato sobre la gota del vaso. La mano sobre la espalda de quien te gusta. El beso en la mejilla. El cualquier cosa en cualquier pausa. El “oye, no puedo”, esto también es humildad. Es una canción hermosa que explica, una vez más, que esta gente sabe de lo que habla en este disco.

PUM PUM! tiene las mejores letras del disco. Ya cuando nada importa y todo está perdido, incluso nuestro cuerpo, es que esta canción se aparece sobre el pavimento. Su atención en la memoria y lo absurdo hacen creer a cualquiera que esta canción abraza a la psicosis con bastante amor. Hay una complicidad muy grande sobre la fuerza de las palabras y el ritmo pesado de las notas. El suicidio acá también habla. Es como una canción que se alimenta de los últimos recursos vivos.

Y en este momento, el disco no es ternura para nada. Es negro. Nítido. Es tóxico.

VÓMITO VERBAL siempre me recordó a Cyberpunk 2077; tiene esos detalles acelerados de energía que se conectan muy bien con el estilo final de este disco, el cual vuela sobre las letras chiclosas del vómito en la canción. Me encantan los suspiros robóticos con los que se conectan varias partes de la canción; le dan esta sensación de último respiro antes de morir. Y esa actitud, ese peso, ese vómito verbal convierten a lo que antes era rendición en un regreso a los efectos placenteros de la adicción. No puede ser que ese final exista. La calentura de lo prohibido llega a su límite, lo cruza y, en este momento del disco, hemos sido consumidos por el desorden.

QUITAR LA VIDA son dos cosas: dos frases —“la nuestra”, “quitar la vida”— y los respiros a solas en media agonía.

NO TIENE NADA es un poema. En el segundo 23 ya nada tiene sentido; todo se ha vuelto una historia sin espacios. Es como si la cabeza de quien compuso esta obra estuviese entre los recuerdos de su última sobredosis: las sirenas de la ambulancia, las llamadas a urgencias y la peor desesperación de su existencia. Y es que la angustia crece con cada palabra, como si el duelo abriese sus puertas desde muy temprano.

Este fin es un dilema honesto del desastre. Cuando incluso las palabras se dan vuelta y un fondo de silencio toca el fin, habrá que esperar unos minutos en esta muerte simulada para llegar a los dos últimos minutos de canción, que son un instrumental de piano y sanación. Esa es la verdadera cura: haber llegado hasta la paz, ya sea en la imaginación o bajo los escuetos reclamos de la muerte.

Todo el disco se resume en un aplauso y un último eco de felicitación.

Yo, cuando escucho este disco, no me siento sanado. Quiero vivir la experiencia sucia de este desastre. Y eso, en mi experiencia, es lo que hace a un disco una obra maestra: que sea tu cómplice en el vacío.

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