Por: Aracely Rea y Vanessa Bonilla Obando
Este texto se teje como un diálogo entre Aracely y yo, compañeras de escena que nos conocemos desde hace años y que, desde trayectorias distintas, hemos crecido escuchando y admirando a May. Es una conversación que va y viene entre la memoria y la música, que nos devuelve a la juventud y, al mismo tiempo, deja ver el afecto, la influencia y la complicidad que hemos ido construyendo entre nosotras, con ella y con otras mujeres de la escena.
Yo conocí a Mayra Benalcázar en la radio, como muchxs la conocimos: perdiéndonos en el dial. Aracely la conoce desde la misma admiración al escucharla desde Radio Impacto y la primera interacción, por una gran amistad con un amigo en común; Hugo Beltrán Reyes+, fundador del programa La Zona del Metal.
Tenía unos 16 años cuando empecé a escuchar Prohibido Prohibir en La Metro. Venía de una casa donde sonaba el rock clásico, pero fue con ella que entendí que la música no era solo sonido: era territorio, era política, era memoria. Con Mayra empecé a escuchar música ecuatoriana, a reconocer bandas de otras provincias, a salir de ese centro cómodo que muchas veces es Pichincha. A Aracely, siempre le pareció alucinante el matiz de su voz, la frontalidad de sus comentarios al aire y la facilidad de plasmar ideología, activismo, música y resistencia. Muchas bandas ecuatorianas llegaron a nuestros oídos por su difusión, en una época de MTV liberado, exploración musical por un lado y conmoción social por el otro, May, nos daba magia en el dial sin desvincular los frentes, nos hacía sentir orgullosas de una escena independiente que tenía aires de hermandad.
Muchas de nosotras también la vimos acompañar causas de derechos humanos, estar en la Plaza Grande junto a la familia Restrepo, por ejemplo. Más tarde, en conversaciones más íntimas, nos contaría cómo se organizaban, cómo levantaban fondos, cómo se sostenían los plantones junto a militantes de izquierda. Mayra, siempre, poniendo el cuerpo y el corazón por las causas justas.
Como dicen Juan Pablo Viteri y Jorge Andrés Bayas, Mayra no llegó al rock como un destino lejano: “siempre estuvo allí”, atravesada por la radio, por la música y por una conciencia social que se formó desde muy joven. Ese cruce, entre música y política, no fue casual: marcó todo su recorrido. Y eso se sentía en la radio.
No era solo poner canciones. Era una postura. Era entender, como ella misma dice, que el rock, como señalan Viteri y Bayas, “ya tenía un contenido político desde una postura frente a los horrores que ocurrían en esa época”. Por eso en su programa sonaban bandas que no tenían espacio en otros lados, por eso el rock ecuatoriano encontró un lugar desde donde existir.
Para muchas, además, Mayra fue otra cosa: un referente. En escenarios donde casi siempre había hombres, ella estaba ahí. En tarimas, en cabinas, en conciertos grandes y chicos. Y no solo estaba: imponía una forma de estar. Muchas veces era la única mujer en esos espacios, y aún así logró algo que no es menor: respeto. No un respeto ingenuo porque el machismo estaba ahí, porque la violencia también la atravesó, sino un respeto construido desde su carácter,su cariño, su claridad, su amor y su convicción.
Por sus luchas, viene mucho agradecimiento; por el camino forjado, para nuevas generaciones de mujeres que fuimos encontrando un terreno más seguro, donde cada vez se fue reconociendo la misma pasión, conocimiento y con ello logrando apertura de espacios de difusión para seguir construyendo.
La admiramos por eso. Por cómo hablaba, por cómo sostenía lo que decía. Y también por algo que Pablo Rodríguez recoge muy bien en su entrevista: esa idea de que la radio, la música y la vida se hacen desde la honestidad. “No es bueno decir lo primero que viene a la cabeza, sino lo primero que viene al corazón”, dice ella. Y eso se notaba. Se notaba en cada programa, en cada apuesta por lo nuevo, en cada riesgo.
Porque Mayra nunca hizo radio cómoda. Abrió espacios cuando no los había, conectó escenas cuando todo estaba fragmentado, apostó por lo nacional cuando no era rentable, y entendió antes que muchxs que el rock no era solo un género, sino una actitud frente al mundo.
Indudablemente desde la radio, desde su trabajo de gestión cultural y manager de bandas, fue generando un impulso enorme para que la escena independiente vaya teniendo espacios anteriormente impensados, en una sociedad que discriminaba, ella abrió caminos.
Por eso también duele saber que hoy está atravesando una enfermedad compleja. Y por eso importa tanto lo que está pasando ahora.
El concierto solidario no es solo un evento: es una forma de devolver algo de todo lo que ella ha dado. Es también reconocer que escenas como la del rock ecuatoriano no se sostienen solas, sino gracias a personas que, como Mayra, han puesto el cuerpo, la voz y la vida entera para que existan.
Asistir no es solo ir a escuchar música, es acompañar una historia, es sostener una trayectoria. es agradecer una voz que nos enseñó a escuchar distinto.
Porque si algo nos mostró Mayra Benalcázar es que la música también puede ser un acto de memoria, de comunidad y de resistencia. Y hoy, más que nunca, tenemos que estar ahí, con ella.
Bibliografía
Viteri, Juan Pablo, y Bayas, Jorge Andrés. Mayra Benalcázar y Prohibido Prohibir: el lado político del rock ecuatoriano. https://radiococoa.com/mayra-benalcazar-y-prohibido-prohibir-el-lado-politico-del-rock-ecuatoriano/
Rodríguez, Pablo. Mayra Benalcázar: “El rock más allá de un género musical, es una actitud”. En Charlas de Rock Vol. 1. Reproducido en Plan Arteria. https://planarteria.com/2024/06/mayra-benalcazar-el-rock-mas-alla-de-un-genero-musical-es-una-actitud-por-pablo-rodriguez/


