Texto: Adrián Gusqui | Fotos: Cortesía | Reseña autorizada por nadie, ni por su autor.
Escuché este disco las veces que me llamó, no para escribir sobre él, sino porque lo necesité.
Cuando pienso en Silvana, creo que la disciplina y la honestidad serán recompensadas al final del día. También pienso que esta visión católica, policial o simplemente moralista pierde fuerza cuando su uso principal es rendir homenaje a los disturbios del destino. Y en este disco, Silvana me hace creer que ser humano aún tiene sentido.
Vendrán suaves lluvias es un arrullo de verano. Es un disco que se permite su libertad dentro del abrazo al otro. Es un consejo para alguien que hunde su cara en la almohada y, al llorar, también siente que duerme profunda y felizmente a pesar del dolor.
Cada día te extraño menos inicia la historia como un cuento y desarrolla su viaje como un mensaje hacia el duelo. “Me lamento por tu abrazo más lejano todavía” o “ya me canso de escribirte y no tengo otra manera de entender que cada día te extraño menos, aunque me duela”, describen el intento de esta canción por despedirse de aquello que fue un adiós hace mucho tiempo, pero que todavía no se va del todo. Su objetivo está en esos amores que aún están tatuados en el frente de batalla, pero morirán apenas asomen su cabeza sobre la trinchera. Su tono sencillo y delicado —la voz de Silvana sobre la guitarra— abre el sentido de la obra, como si fuera un canto de paz en medio del caos. También es un reclamo a no intentarlo de verdad o a uno mismo, por seguir buscando las migajas de una relación que nació incompleta. En medio de todo, Silvana ríe, como si todo fuese un juego y, esta vez que ha perdido, la única manera de seguir adelante fuera haciendo una canción.
Dime sube un escalón más en la intensidad de Silvana, tanto musical como líricamente. La fuerza de este disco se encuentra en sus letras y en la simpleza con que se abordan asuntos impactantes. Es un disco del más puro amor: del blanco, del negro, pero sobre todo del gris. Qué manera tan desoladora de querer, o qué tan largo puede ser el duelo de lo que nunca pudimos ser, son flancos duros de nostalgia en esta obra. La canción le habla a algo que nunca fue, y recordarlo abre la pena infinita de lo que no pudo ser. Es la revelación de los amores suspendidos, la aventura sin misiones, una experiencia fatigante en la que solo uno de los dos tiene el cuento terminado. Silvana, como siempre, nos cuenta su desastre, pero al final cree que el olvido también puede responder.
Lila Alelí: «llévatelo todo, que todo te pertenece». Esta canción funciona como un cuento en varias fases. Estas tres canciones iniciales parten de un desastre, de un caos que encontró varias respuestas en la música. A medida que avanza este primer relato, Silvana cambia el color de su música hacia algo más rebelde e individual: pasa de la dependencia a un soltar comprometido. En Lila Alelí se desprende de lo entregado, aunque duela, y lo regala a quien prometió cuidarlo; quizá porque ya nada importa en su aventura por olvidar o porque la piel que el otro se queda ya no representa quién quiere ser.
También ocurre que hablar de Silvana como personaje dentro de este disco es clave, porque, aunque parezca que habla de otra alma, su presencia en las letras la convierte en una consejera íntima.
Flores es una canción que existe cuando todo lo que debía terminar, terminó; cuando todo lo que debía olvidarse, se olvidó; y cuando todo lo que no debía aparecer, aparece. Es lo que escucharías cuando el amor de tu vida regresa a la batalla, pero ya no como un espadachín, sino como un topo. Esta amenaza es más fuerte, pero la defensa aún más. “Donde no crecen flores, yo no canto” es la frase que mejor resume la canción. Silvana le canta a una situación fallida que, aunque el pasado abrazó con ternura, ahora es un campo vacío en medio de la naturaleza. Son esos instantes vacíos y los suspiros en forma de latidos que, de vez en cuando, se apagan, pero que, como un golpe de adrenalina, despiertan sobresaltados ante lo que parece una nueva oportunidad. Sin embargo, aquí la esperanza nació muerta.
Good Luck, Good Night es la canción del ghosting y también de la valentía frente al cuerpo ajeno. Es abrirle la puerta a un nuevo personaje en esta historia… y que resulte ser un pendejote.
Silvana se empodera, ya fue. El disco cierra su primera historia con un vaso en la mano, algunas lágrimas secas y las piernas listas para el próximo baile.
Tregua ya no quiere ver atrás: lucha por olvidar, lucha para que la oscuridad no la haga pensar. Intenta que su soledad no la empuje a otro tiempo. También se enfrenta a sí misma, a sus recuerdos y a sus golpes internos. Es una de las canciones más cortas, lo que puede significar simpleza, pero también un recordatorio de que, incluso en medio del cambio, siempre aparece un pensamiento intruso capaz de derribar el castillo, piedra por piedra, sin violencia, solo con una pequeña caricia.
Si nos ponemos bélicos, esta es la prueba de fuego para no escribirle a tu ex. Pero, siendo honestos, más de uno habrá caído.
Cada vez que escucho Como un pájaro, imagino un cuento de época. Pienso en una mujer que escribe sobre su día en el altillo donde vive. Esta canción revive una historia perfecta de amor que regresa siempre en la oscuridad de la noche. En este viaje, Silvana se convierte en pájaro y observa su historia desde las alturas. Se puede sentir la libertad del viento en su voz, que alarga el eco como alas que se acoplan al soplo nocturno.
Hay un recorrido de experiencias entre sus letras, como si esta canción hubiese sido hecha para amantes que se escapan en la madrugada, parejas que se visitan por la ventana cuando todo el mundo duerme o incluso para esas llamadas de WhatsApp que se extienden toda la noche. El silbido de Silvana, como un pájaro que guía hacia el punto B de la aventura, desata la dulzura de la obra. Aunque vive entre dudas, parece un abrazo hacia una nueva etapa: un amor que nace en la pequeñez de nuestras manos.
Un rayo de luz se clava en un suelo de duelo. Silvana le canta a la muerte de los amores que ya no están: la de su mejor amigo. De hecho, el disco está dedicado a él y a otros que se fueron. Aquí, Silvana nos enfrenta al poder de hablar sobre el duelo y ofrece una perspectiva dura y sensible sobre perder a alguien sin aviso. El “devuélvanme a mis amigos” suena contenido entre lágrimas, creciendo con su voz profunda. Para este punto del disco, Estrada ya nos ha entregado todo tipo de olvidos: los necesarios y los inevitables. En esta canción, el olvido regresa para no vencer, y en ese tramo orquestal, Silvana transforma su talento en una verdadera consejera del alma. Como si fuera un cuerpo, abraza inmensamente y se convierte en quien extrañamos.
La frase que más me queda es, sin duda: “cómo será de hermosa la muerte, que nadie ha vuelto de allá”.
La penúltima canción suena a resiliencia y perdón. Es el momento en que aceptamos que la perfección no nos persigue y que vendrán mejores momentos después de los errores. No te vayas sin saber es el último suspiro en el oído del otro: la última marea cuando la luna se esconde, el beso final tras una tarde juntos. Es un adiós mentiroso, pero también la desaparición definitiva. Siento que el destino marcó la voz de Silvana para que cada duelo tenga un dueño, incluso los incompletos. Estrada adopta dolores, los hace suyos y los convierte en familia.
Esta familia también se disuelve en el paisaje, por eso El alma mía es más simple en su instrumentación, como el último rastro de vida después del desastre. Solo quedan dos voces, una guitarra y alguna cuerda perdida en el horizonte. Silvana Estrada y David Aguilar: ¿qué queda por hacer después de escucharlos? Entregar el alma, aunque sea por un momento. En esta última canción fuimos de alguien, y ese alguien nos dejó sin lo más importante. Es una medicina entre lágrimas, y cuando llega la oscuridad, todo termina como empezó: con un arrullo de verano que se transforma en suave lluvia.
El último disco de Silvana Estrada es fácil de escuchar y de distinguir. Aunque muchas canciones abordan temas similares, su capacidad de moldear cada pieza —ya sea desde lo minimalista o lo orquestal— convierte el álbum en un viaje con múltiples puntos de interés. Es un disco libre que encuentra su centro en su voz, capaz de transformarse en cualquier cosa: un pájaro, un violín, un eco o un golpe seco. Es una de esas voces en las que incluso su risa forma parte del regalo. Se impregna en las almas desordenadas y les da un norte, como si todo lo que duele finalmente encontrara un lugar donde empezar a morir.
Es compañía, amiga y libro de instrucciones. Vendrán suaves lluvias es el disco que cualquiera necesita cuando un día tranquilo, de repente, puede convertirse en el peor de todos.
